
jueves, junio 12, 2008
Burro muerto

Estoy en el campo y por alguna razón entro a un cobertizo donde está un burro muerto. Le tengo que cortar la cabeza. Me alargan un cuchillo grande. De pronto el animal se transforma en persona. Me digo, si cierro los ojos será fácil. Me digo, vas a saber lo que es decapitar. Me digo, al cabo ya está muerto. No, no puedo. Me volteo y me alejo.
miércoles, julio 26, 2006
Una clase que se esfuma

Estoy muy angustiado. Se supone que debí haber empezado a enseñar un curso en esta universidad exclusiva; pero por alguna razón no he hecho presencia durante las últimas semanas. Ahora me dirijo allá pero estoy perdido. No sé cómo llegar. Me siento muy angustiado porque no domino el tema que enseñaré, no he preparado la clase, no sé quiénes son los alumnos y no sé cuándo empezó el semestre. Aunque la universidad está en otra ciudad parece que la ando bucando caminando. Ya es tarde para la hora de inicio de la clase. Entro a un comercio a pedir informes y cuando me dicen cómo llegar empieza a llover. Si camino quedáré empapado. Busco en el bolsillo y no traigo más que unas cuantas monedas.
jueves, junio 09, 2005
Preocupación
Estoy en una comida familiar, probablemente en casa de mis papás. Preside la mesa mi mamá y está también mi prima B. Hay más gente pero no los identifico. Las dos mujeres dominan la conversación y lo que los demás decimos u opinamos no parece ser importante. Me siento preocupado. Estoy callado y ensimismado. Me siento pequeño, infantilizado en medio d e estas dos mujeres. Alguien me pregunta qué me pasa. De principio digo que nada; pero luego, tímidamente hablo de mi preocupación, dudando si mis sentimientos serán recibidos o serán juzgados. De plano declaro que estoy muy preocupado porque Andy ha bajado mucho de peso los últimos días. Entonces lloro desconsoladamente. Me siento muy triste y preocupado. Me despierto llorando.
domingo, junio 05, 2005
Clases estresantes
Estoy en una universidad norteamericana donde voy a estudiar un curso de posgrado. Me siento muy estresado por el idioma. No entiendo del todo lo que me dicen. Las instalaciones son muy viejas, hechizas y sumamente descuidadas. Se parece mucho a la escuela donde estudié la primaria, un conjunto de casas adaptadas para escuela. Las aulas son lúgubres con mobiliario muy descuidado. Hay una reunión con los rpofesores, para presentarnos. Son amables pero hablan en un inglés muy rápido y poco familiar. casi no les entiendo. Termina la reunión y me siento muy desorientado, no sé qué hacer, cómo proceder. Alguien me da instrucciones sobre cómo hacerme de un locker para guardar mis cosas. Lo intento pero lo encuentro complicado porque no sé cuáles están libres y cuáles no. Alguien me dice que, siendo verano, mucha gente no usa el locker en este periodo pero ya están tomados. Mientras trato de resolver el asunto desprendo una parte del locker y me queda una especie de caja de herramientas de lámina. La trato de acomodar en su lugar pero no puedo. Se me ha hecho tarde para la primera clase. Llego al salón con la caja y la clase ya ha empezado. La puerta hace rudio al abrirse. Entro y siento que todos me ven de reojo. La maestra parece molesta pero prosigue su clase. Acomodo la silla de metal y hace ruido. me siento muy incómodo. Pongo la caja en el piso y también hace ruido. Trato de entender qué está pasando en clase. El idioma sigue siendo un problema para mi. No entiendo mucho. De pronto la maestra habla en perfecto español. Volteo a ver a mis compañeros y me doy cuenta que son latinos. Uno participa en español. Paso del casi cero entendimiento a la perfecta claridad. De pronto ni la maestra ni los compañeros me parecen tan amenazantes. Particicpo con soltura en español y me siento muy agusto. Alguien más participa en español y la maestra nos invita en tono amistoso a hablar en inglés. "Si no, no van a aprender", dice.
El sueño como un lenguaje (Erich Fromm)
El capítulo 3 del libro “El amor a la vida” de Erich Fromm (1996, México, Paidós) se intitula: “El sueño es el lenguaje del hombre universal”. En él propone que el sueño es un lenguaje y que, a diferencia de nuestra lengua materna que es determinada culturalmente, el sueño es un lenguaje de carácter universal que utilizamos los seres humanos de todas las culturas y de todas las épocas. Es un lenguaje de tipo simbólico que expresa con representaciones alegóricas las vivencias internas de la misma manera como lo hace la poesía. Señala que en el sueño aprendemos mucho más de nosotros mismos y de los demás que durante la vigilia: “somos en cierto modo más irracionales, pero en otros respectos también mucho más sabios, tenemos una percepción mucho más aguda que en la vigilia”. Dice Fromm que en el sueño nuestra creatividad se libera, ya que entonces no operan las ataduras que durante la vigilia nos impone la necesidad de actuar razonablemente para ser aceptados por los demás. Durante el sueño somos libres y pensamos y sentimos lo que verdaderamente experimentamos, sin los tapaojos de la vigilia. Aunque cita el Talmud (Berajot 55ª): “Un sueño no interpretado se parece a una carta no leída”; dice que realmente no hay que interpretar los sueños ni hay que saber psicoanálisis. Al igual que no interpretamos el francés o el japonés, a los sueños tan sólo hay que aprender a leerlos; y qué mejor si lo enseñamos a los niños. Así seremos más sabios: sabremos más de nosotros mismos y de los demás e integraremos nuestros sentimientos y nuestras cogniciones. Termina Fromm diciendo: “en los sueños podemos transformarnos en poetas”.
sábado, junio 04, 2005
Contratándome en la televisora
Estoy en lo que sé son patios de la televisora Televisa. El paisaje está conformado por múltiples caminos empedrados que sube por las laderas de un pequeño cerro en cuya cima están las oficinas. Hay gente circulando relajadamente por los caminos y andadores. Van en todas direcciones. Otras personas forman pequeños grupos. Todos parecen estar discutiendo sus proyectos de trabajo. No sé exactamente por qué estoy aquí; pero me parece que estoy buscando trabajo. No sé exactamente qué trabajo ni a quién dirigirme. Estoy desorientado pero siento la obligación de seguir adelante. Alguien me dice que pida una cita en la oficina del director general y dueño. Dudo que una oficina de ese nivel se interesen en mí o siquiera me atiendan. Llego a la ventanilla correspondiente y, tras una ventana, atiende la secretaria ejecutiva, una señora de unos 55 años, seria, elegante y que parece ocupada. Me atiende después de despachar a la persona delante de mí. Le digo que quiero una cita con el director general y me responde muy naturalmente "¿para el papel principal, verdad?" Pienso para mis adentros que no estoy calificado como actor; pero tampoco sé qué trabajo puedo desempeñar. No me deja responder y me alarga el papel de la cita. Le agradezco y me retiro... Estoy en un gran teatro donde se están realizando los castings. Hay un público ruidoso que llena el teatro. En el escenario hay mucha actividad. La gente de la televisora da por hecho que soy alguien cualificado y conocido. Sólo yo sé que no soy actor ni estoy a la altura. Me pregunto qué voy a hacer, cómo voy a actuar. Pienso que tal vez los pueda engañar o que pueda incluso sorprenderme a mí mismo y manifestar grandes despliegues histriónicos.
viernes, junio 03, 2005
Encargo papal
El Papa Benedicto XVI me ha comisionado para seguir la tradición de esconder el martillo papal con el que se destruirá su anillo al morir. Según la tradición nadie, salvo el encargado, en este caso yo, sabrá en dónde fue escondido. Un sacerdote de oficio me acopaña por las catacumbas de San Pedro, una serie de habitaciones en los sótanos, para que elija el escondite. Caminamos entre los monumentos de santos. En lugares determinados hay hojas tamaño carta pegadas desordenadamente con cinta adhesiva señalando los posibles lugares donde puede ser depositado el martillo. Las primeras habitaciones corresponden a los santos más antiguos, empezando por San Pedro. Hay estatuas viejas correspondiendo a cada personaje santo. Las voy recorriendo todas pero no me dejan una buena impresión: hablan de lo viejo, son lúgubres y siniestras. Es hasta que llegamos a la sección más actual de las catacumbas que me siento en el lugar correcto. Hay más luz y más colorido. Ya no hay tantas estatuas de piedra descolorida sino imágenes, placas con leyendas o pequeñas figuras alusivas a cada santo. Paso junto a una estatua de madera pintada de Juan Diego pero no me atrae. El cura intenta llamar mi atención hacia algunos personajes en particular; pero me pierdo de él entre los pasillos. En la parte trasera encuentro una placa que habla (que aunque está escrita en un lenguaje extraño yo capto el mensaje) de un santo de un país de Europa oriental, un adulto en sus 40tas, jovial y muy positivo que llevó una vida limpia, productiva y ejemplar. Al saber de su vida lloro desconsolada y liberadoramente. Me repongo para gritarle al sacerdote y a alguien que ahora le acompaña que ya encontré el lugar y que se retiren para esconder el martillo.
miércoles, junio 01, 2005
Sin gas

Me quedo sin gasolina en una calle residencial y poco transitada. Decido empujar el auto, dado que la pendiente de la calle es de bajada. Voy tranquilamente empujando y aparece caminando mi cuñado ACA con un amigo. Lo saludo de lejos y rápidamente al tiempo que apresuro el paso, dándole a entender que no necesito ayuda. Dice: "¿DE veras no quieres ayuda?" Respondo: "No, no. De veras voy bien. Mira." (Me pregunto ahora cómo es que difícilmente acepto la ayuda; en el sueño y en la realidad.) Más adelante, al doblar a otra calle hacia la derecha, la pendiente es de subida, por lo que estaciono el coche.
Camino hacia la gasolinera. En una esquina hay una tienda o almacén antiguo. Lo atiende un señor de unos 70 años de edad, recio, fuerte, serio y atento con sus clientes. Su dinamismo, aspectos físicos y personalidad son semejantes a los que tenía mi abuelo. Sobre unos botes alcanzo a ver un recipiente de gasolina vacío. Le pregunto si me lo presta para ir por gasolina. Me dijo: "No, no se lo presto" en tono firme pero amable. Me sorprende la respuesta y le digo: "Bien, gracias". Sin mayor problema camino hacia el exterior y al cruzar la puerta escucho que dice: "por seguridad". Tardo en procesar su respuesta y entonces digo molesto: "Yo soy una persona confiable". Él dice: "Eso yo no lo sé; yo sólo veo inseguridad". Subo la voz y muy enojado le digo: "Yo le estoy diciendo que yo soy confiable. Si usted ve inseguridad, eso es suyo. Usted es el que no es confiable". Y salgo verdaderamente enojado del lugar.
Camino en búsqueda de la gasolinera; pero ahora el tráfico es sumamente intenso. Es muy difícil cruzar la calle. Los autos no van muy rápido. Están casi detenidos porque deben integrarse a una vía de más tránsito. Pero no dejan de avanzar y no se detiene ante mi y otra gente que busca cruzar. Veo una oportunidad de cruzar al ver pasar al último auto, que se detiene haciendo cola más adelante; pero al momento de intentar cruzar toda la fila de autos cambia de sentido y avanza ahora de reversa y casi nos arrollan. Le doy un manotazo al auto que no me dejó pasar. Cruzo una calle; pero hay otras más por cruzar con las mismas características de tránsito.
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