sábado, mayo 28, 2005

Resistencia a empezar


Estoy en Lima por iniciar el curso de maestría. Me encuentro en las instalaciones anexas al lugar donde se imparte el curso y estoy en un cuarto de trebejos buscando material que necesitaré para el curso. No encuentro lo que necesito y empiezo a escuchar los ruidos de la gente que va llegando al curso. La gente que debiera apoyarme no está y me empiezo a sentir desesperado. No siento que estén las condiciones óptimas para empezar el curso y que éste tenga éxito. Me avisan que los alumnos ya están todos, urgiendome implícitamente a comenzar, metiendome más presión. No es la hora programada de incicio, es demasiado temprano, tal vez una hora antes. No me siento listo para empezar, ni práctica, ni emocionalmente. Estoy ahora en la sala de clase. Los alumnos están ya en sus puestos y yo ando a la carrera tratando de realizar los preparativos faltantes. Los alumnos murmuran y manifiestan su molestia de que el curso no inicie. Me doy cuenta de que estoy estableciendo una relación de animadversión cuando mi curso requiere una relación de colaboración para su éxito. Decido empezar pero me doy cuenta que uno de los alumnos ha salido: cuento 19 de los 20 apuntados y veo el espacio vacío. Necesito empezar con todos pero eso no lo saben los presentes. Me siento presionado y completamente inadecuado como facilitador del curso.

jueves, mayo 26, 2005

Saliendo de la encrucijada

En sueños anteriores estuve en circunstancias y lugar similares. Un sueño repetitivo, pues; pero ahora con un desenlace diferente. En esos sueños llegaba manejando a un nudo de pasos a desnivel y múltiples salidas en una vía rápida de la ciudad de México. Busco la salida que me lleva a casa de mis papás en Echegaray pero entre tantas bifurcaciones termino en un vía que parece conduce al Occidente del país o por lo menos a Toluca...

Ahora llego a pie y voy conduciendo a un joven extranjero que está de visita. La encrucijada de caminos ahora es de andenes, como de una terminal de autobuses enorme y desvencijada. De pronto se parece al inframundo de la glorieta de Insurgentes en la ciudad de México. Estoy buscando la salida que nos permitirá tomar la calle que conduce a mi casa, que parece ser la de la infancia en Parral (Centenario #29). El gringo no entiende bien el movimiento ni el idioma y depende de mi. Entre pasillos y andenes nos perdemos y terminamos atrás de una alambrada que está recibiendo a quienes vienen del extranjero. Hay una fila larga y además se requiere pasaporte para pasar. Le explico al funcionario vista aduanal nuestra equivocación y nos dice que pasemos. Nos da cierta orientación del cómo salir; pero nos volvemos a perder y nos encontramos de nuevo con el vista. Este accede a dejarnos pasar de nuevo y a guiarnos a cambio de una gratificación. La perspectiva de pagar el soborno me hace sentir mal ante el extranjero pero decido pagar sintiéndome avergonzado. Nos conduce al exterior a una macro-plaza de la que parte la calle Centenario. Estoy apesadumbrado por haberme involucrado en rocedimientos tortuosos e ilegales para llegar hasta aquí...

Voy conduciendo un Jetta por una carretera sinuosa atrás de un auto grande y viejo que va rebasando a vehículos más lentos. El auto lo conduce un señor de edad y lleva de pasajero a un joven. Yo, solo, me enrolo en la competencia de rebasarlo. Él acelera y yo siento que aunque su auto es más grande al mío, con tecnología más moderna y con mi arrojo, lograré superarlo. Acelera más al tiempo que sigue rebasando a otros autos. Me le pego defensa a defensa esperando el espacio para rebasar. De pronto el auto de enfrente acelelera fuertemente, como dragster en arrincones, dejando hule derretido sobre la carretera. Paso el dedo sobre el hule derretido al pasar encima de él y me quema. Pasando sobre el hule, todo a gran velocidad, me doy cuenta de que parece diesel, siento temor de patinar pero acelero. Continúo muy rápido por la carretera que ahora va de bajada y continua siendo serpenteante en medio del bosque, de cañadas y muros de contención de piedra y cemento pintados de blanco. Vuelvo a alcanzar al auto grande y viejo. Me le pego y de pronto vuelve a acelerar dejando de nuevo hule derretido sobre el asfalto. Alguien me hace el comentario de que esos autos tienen esa capacidad.

miércoles, mayo 25, 2005

Promociones volátiles

A la salida de una reunión de profesores y directivos del Tec en alguna ciudad, que bien podría ser la de México, estoy en el estacionamiento despidiéndome. Veo que se retiran en grupos por origen y cada grupo va en un auto. Los autos llevan charolas, como las de los funcionarios de gobierno, que indican el estatus o el nivel de prestigio y acreditaciones de las diversas escuelas. Veo pasar el auto de los de JAG y la charola indica grandes logros, por lo que experimento admiración y celo. Al mismo tiempo me llega el destello de que mi grupo y yo mismo estamos al mismo nivel. Me sorprende le descubrimiento. Entro los que encuentro están algunos excompañeros del doctorado. Nos encontramos y abrazamos con mucho gusto. Me siento sorprendido de que me saluden con tanta efusividad ya que yo no me consideraba como alguien significativo para ellos. Me sorprende encontrar a DDMO muy viejo, acabado y chimuelo....
Siguen los eventos. Es una exposición de productos. Hay por ahí una persona que se acerca a nuestro grupo. Parece conocido pero no lo identificamos. El nos habla con familiaridad, como si nos conociera. Es un funcionario joven con un buen nivel directivo en una compañía de software. Se despide. El rector LC me hace una seña indicándome que me acerque a él. Lo alcanzo en el estacionamiento junto a su auto y le pido su tarjeta. Me la da de inmediato y yo me hago bolas buscando la mía en mi cartea. Me siento orgulloso de haber sido considerado para la encomienda por el rector y por haber interpretado de inmediato su seña. Me siento un buen cómplice y alguien útil y valioso...

martes, mayo 24, 2005

De vacaciones

Es un hotel playero de lujo. El cuarto en el que estamos queda en el extremo del pasillo. Hay un cable de tele que atraviesa de manera desordenada todo el cuarto. Me parece evidente que es un cable que se utiliza para llevar señal a otro lugar. Me molesta que se esté utilizando mi cuarto para este fin. Ahí termino no hago nada más…

Estamos en un parque acuático. Vamos de salida. Nosotros sólo cuidamos a los hijos; pero la salida es a través de un tobogán de agua. Nos echamos de él y este nos conduce a un enorme lago y directo a la salida, evitándonos recorrer de nuevo un largo trayecto a pie. El área de salida del parque está en construcción, junto a una carretera…

Sarita y su marido me llevan de tour por una región campestre para que tome fotografías. Quiero ir a un lugar que conozco pero al cual no sé llegar. Es una hacienda bonita, parecida en ambiente al hotel referido antes. Encontramos lugares bonitos pero no el lugar buscado. Se empieza a hacer tarde y mis guías parecen impacientes. Sé que estamos cerca. Digo, “es ahí, a la vuelta del recodo”. Avanzamos pero no es el lugar indicado. Ahí me quedo para seguir a pie buscando por mí mismo y ellos se van.

lunes, mayo 23, 2005

Apresado en Brasil

Estoy bastante perdido en una populosa ciudad de Brasil. No sé qué hago aquí. Tal vez vine a impartir un curso porque mi estancia de laguna manera está relacionada con el Tec. Estoy en la calle y hay mucha gente. Me entero de que alguien muy cercano ha caído preso. Me siento completamente vulnerable. Hay un grupo de gente que se está organizando para apoyarme en la liberación. No sé quiénes son pero desconfío d ellos. Parecen gangsters. Me acompañan y dirigen en nuestra marcha por la transitada calle al recinto policiaco. El lugar parece la salida y escaleras de entrada a un estadio. La liberación será tumultuaria, de varias personas. Antes del momento de los alegatos de defensa el líder principal de los gangsters me pasa fajos de dinero desordenado y me dice “toma, les das este dinero”. Desconfío tremendamente: de dónde viene este dinero, qué compromisos generará, etc. De pronto liberan a todos sin mayores trámites. Salen todos multitudinariamente. Hay mucha gente. Los gangsters desparecen. Me quedo con los montones de dinero sin saber qué hacer. Trato de ordenarlo para poder ocultarlo en las bolsas de la chamarra. Temo me asalten o me aprendan por traer dinero de origen desconocido. Sale mi conocido y le doy un fajo de dinero y le digo “guárdalo”. Alguien pasa y me da unas cartas del Tec que deberían haber sido entregadas previamente a sus destinatarios; quienes, creo, son los reos recién liberados. Alguien no hizo su trabajo entregándoles las cartas previamente. El transito de gente liberada continúa. MI amigo y yo nos apresuramos a irnos de ahí. Casi puedo decir, a escapar.

domingo, mayo 22, 2005

Un pendiente a cuestas

Estamos de vacaciones Su, Mario, una tipa que no conozco, Enrique, Isa, Rodrigo, David y yo. Estamos decidiendo qué vamos a hacer los dos días de vacaciones que nos quedan, yo quiero ir de compras. Su habla por teléfono con Mario, quien está en el cuarto de junto, y veo que no le está gustando lo que él le dice. Cuelga y me dice que me tiene una mala noticia, que el cadáver de mi papá está en el otro cuarto y que tendremos que enterrarlo después de que terminen las vacaciones. Yo no entiendo qué hace el cadáver de mi papá en ese cuarto y por qué lo trajimos. Le pregunto a Mario si dejarlo ahí tres días está bien y él dice que no cree que le pase nada. Yo no quiero verlo. La tipa que también viene con nosotros, es joven, no bonita pero atractiva y anda como tratando de ser muy servicial con todos. Ella vistió a mi papá, y yo me pongo furiosa. Es como si me quitara mi lugar. Luego Mario la abraza y yo me pongo furioso y la quito , trata de acercarse a Isa y yo la amenazo, luego le pica el estómago a Enrique y le digo que se vaya con cuidado. El cadáver está ahí en el cuarto y me siento confundida, quiero irme de compras para olvidarme del asunto.

Clase fallida

Estoy impartiendo este taller vivencial en forato intensivo a un grupo de jóvenes. Nos hemos concentrado en unas instalaciones, semiabandonadas. Estoy dirigiendo una dinámica de varias etapas. Como busco reflexión profunda de los participantes, decido llamar aparte a cada equipo de cuatro para procesar el ejercicio mientras el resto se va a continuar las actividades dirigidos por mis colegas. Se quedan cuatro conmigo en una sala sobria. Les hago preguntas sobre su experiencia: ¿cómo te sentiste?, ¿qué aprendes de tí msimo?, etc. Pero no logro captar su atención e interés. Empiezan a haber estímulos distractores alrededor. Llegan alumnos que no estuvieron en el ejercicio y tratan de responder; pero los cuatro que atiendo se distraen. Va llegando más gente y no he progresado. Me los llevo atrás de una puerta en el fondo de la sala, buscando privacidad y menos estímulos. Ya ha anochecido, va llegando la hora de concluir por este día y siento que no avanzo ni logro nada importante. Pasamos detrás de la puerta y encontramos escaleras que descienden a una sección abandonada o de poco uso. Trato de reunirlos sentados en las escaleras pero sigue siendo difícil. Una de las chicas de apoyo me dice que tiene que mover todo mi equipo de donde se encuentra porque alguien más va a usar ese lugar. Me dice que abajo, siguiendo las escaleras en donde nos encontramos, hay una sala abierta abandonada en donde puede poner todo. Me imagino al siguiente día, que será domingo, teminando el curso ya tarde, moviendo yo solo todo de regreso al auto, subiendo escaleras, sudoroso. Le digo que no es buena idea. También temo que el material no esté seguro, porque no hay puerta. Los cuatro mchachos de la clase ya no están. Me siento muy incómodo, deanimado, desesperado, frustrado al encontrar tantos obstáculos para lograr que el curso fluya, que los alumnos se interesen en él.

viernes, mayo 20, 2005

Acercamiento interrumpido

Estoy en algo que parece ser mi oficina, aunque no se parece a la real, ya que está sólo contiene un escritorio y dos sillas sobrias. Estoy atendiendo a esta maestra joven, quien antes fue mi alumna. Parece problematizada, cabizbaja, ensimismada. La escucho desde mi escritorio. Me parece atractiva y me cae muy bien. Me acerco a ella y ahora está sentada en el suelo, arrinconada, como deprimida enconchada. Me siento a nivel de ella, en el suelo. Me doy cuenta que el suelo está lleno de polvo. Hya algunos borrones sobre el suelo, seguramente hechos por ella con sus dedos. Mi intención es abrazarla para contenerla; pero me detengo dándome cuenta de mi atracción por ella, como temiendo aprovechar una situación sexual a partir de su necesidad afectiva.

jueves, mayo 19, 2005

Freud escribe sus sueños

En "Creative minds", Gardner narra cómo el niño Sigmund adquiere el hábito de escribir cada día lo que de noche soñaba. Me resulta verdaderamente sorprendente que un niño se interese no sólo por atender a sus sueños sino además en abordar su comprensión con un método sistemático (una de las características del método científico). Desde luego, como el análisis de Gardner demuestra, Freud fue una mente verdaderamente excepcional. Interesante también saber que ya de adulto decide especializarse como médico en las enfermedades siquiátricas por razones de orden más práctico que vocacional. Las áreas sobre las que tenía un interés primario difícilmente daban acceso y permitirían ascender a un judío. En un campo virgen y novel tendría más oportunidades de avanzar y destacar. Interesante entonces saber que una elección tan fortuita tendría relación con aquella práctica de niño y que eventualmente escribiría el clásico “La interpretación de los sueños”.

Sueño que motiva este blog

Estoy en esta reunión medio caótica en al que hay gente conversando en grupillos por toda la sala. Parece ser un curso o taller que alguien dirige. Yo estoy por ahí confundido entre la bola, en una posición de relativo aislamiento. Entre el ruido de múltiples conversaciones, alguien que parece ser de los conductores del taller, me señala “que dice ‘fulanita’ que le hagas un “desdoblamiento”. En el sueño tengo la impresión de que un desdoblamiento es un técnica terapéutica que aplicada en un momento específico produce un quiebre importante en la persona intervenida. La petición me sorprende dado que esta es una técnica que desconozco y de la que vagamente he escuchado referencias. Respondo que más bien estoy para que me la apliquen a mi. Una mujer en la madurez joven, de complexión fuerte y alta, se dirige a mi y me dice “a ver, camina a fuera”. Yo entiendo que es la conductora del taller y/o terapeuta y que ha aceptado hacerme el desdoblamiento. Salgo a la calle, que tiene tal tránsito peatonal como una calle del centro de la ciudad de México pero que parece ser una calle aledaña a la casa de mis abuelos en mi natal Parral. Me doy cuenta de que estoy impostando mi postura al estar siendo observado por alguien que me sigue y busco soltarme y desentenderme de la conciencia de estar siendo evaluado. Después de algunos pasos volteo y entre la multitud veo a la terapeuta caminando con una postura desgarbada, arrastrando el la pierna izquierda, inclinando el torso hacia el lado derecho y en actitud apesadumbrada, sin rumbo, pareciendo una homeless o mendiga. Me doy cuenta de que está buscando ponerse en sintonía corporal conmigo para experimentar en su cuerpo y en su espíritu mi experiencia existencial. Me produce un efecto muy contundente el verme a través de ella. Siento una ráfaga de dolor e intensa tristeza. Pero sigo caminando, haciendo mi parte del ejercicio. Doblo en la esquina para pasar enfrente de la iglesia de San Juan de Dios (que según recuerdo ahora me impactaba siempre de niño al transitar por enfrente los domingos en misa de siete de la noche encontrar en las escalinatas mendigos viejos pidiendo limosna y un joven desvalido en una silla de ruedas de madera haciendo lo mismo). Ahora Rodrigo mi hijo va junto a mi, jugando por la calle. La terapeuta me alcanza y me señala que imagine que ahí en la banqueta hay un hoyo en el que me encuentro y del que intento salir sin poder hacerlo. Me parece difícil hacer el ejercicio de imaginación o de psicodrama ahí en medio de la calle. Hay una gran mancha o desperfecto en la banqueta que pienso me puede servir como estímulo, me agacho como entrando en el agujero y de pronto un perro, un beagle, muy cerca de mi rostro intenta acercarse pero lo detiene la cadena que lo amarra a un poste. Me levanto y digo “alejen a ese perro”. Me muevo hacia un auto que está estacionado sobre la banqueta y lo uso como pared del hoyo para hacer la representación. En medio de cierta vergüenza e incomodidad por estar haciendo aquello a media calle digo, al tiempo que braceo como deseando escalar la pared, algo respecto a desear salir. Ahí me colapso llorando y diciendo que toda la vida he estado en este agujero y que no puedo salir. Me despierto sumamente confundido, triste y con un sentimiento de desamparo. Ahora al reescribir el sueño me siento de la misma manera. Veo que está plagado de símbolos. Ya tenrdré tiempo de interpretarlos. Mientras tanto toda reacción es bienvenida.