domingo, mayo 22, 2005
Clase fallida
Estoy impartiendo este taller vivencial en forato intensivo a un grupo de jóvenes. Nos hemos concentrado en unas instalaciones, semiabandonadas. Estoy dirigiendo una dinámica de varias etapas. Como busco reflexión profunda de los participantes, decido llamar aparte a cada equipo de cuatro para procesar el ejercicio mientras el resto se va a continuar las actividades dirigidos por mis colegas. Se quedan cuatro conmigo en una sala sobria. Les hago preguntas sobre su experiencia: ¿cómo te sentiste?, ¿qué aprendes de tí msimo?, etc. Pero no logro captar su atención e interés. Empiezan a haber estímulos distractores alrededor. Llegan alumnos que no estuvieron en el ejercicio y tratan de responder; pero los cuatro que atiendo se distraen. Va llegando más gente y no he progresado. Me los llevo atrás de una puerta en el fondo de la sala, buscando privacidad y menos estímulos. Ya ha anochecido, va llegando la hora de concluir por este día y siento que no avanzo ni logro nada importante. Pasamos detrás de la puerta y encontramos escaleras que descienden a una sección abandonada o de poco uso. Trato de reunirlos sentados en las escaleras pero sigue siendo difícil. Una de las chicas de apoyo me dice que tiene que mover todo mi equipo de donde se encuentra porque alguien más va a usar ese lugar. Me dice que abajo, siguiendo las escaleras en donde nos encontramos, hay una sala abierta abandonada en donde puede poner todo. Me imagino al siguiente día, que será domingo, teminando el curso ya tarde, moviendo yo solo todo de regreso al auto, subiendo escaleras, sudoroso. Le digo que no es buena idea. También temo que el material no esté seguro, porque no hay puerta. Los cuatro mchachos de la clase ya no están. Me siento muy incómodo, deanimado, desesperado, frustrado al encontrar tantos obstáculos para lograr que el curso fluya, que los alumnos se interesen en él.
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